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Donato Jiménez BibianoBeato mártir, 1873–1936

I

Su vida

A los veinte años, en el noviciado, escribió su propia vida y la dividió en tres periodos: «Antes de mi vocación», «La vocación misma» y «Después de mi vocación». Los tres primeros apartados siguen esa división. El cuarto recorre sus años de misionero y superior.

Antes de mi vocaciónAlaejos, 1873–1886

Nació en Alaejos el 21 de marzo de 1873, a las seis de la tarde, en la casa familiar de la calle Casasnuevas, número 22. Era el último de los seis hijos de Miguel Jiménez y Brígida Bibiano, que vivían, según él mismo cuenta, «bastante acomodadamente, estimados de todos por su honradez y buenas costumbres». Cuatro días después lo bautizaron en la parroquia de San Pedro Apóstol.

Acta de nacimiento, Registro Civil de Alaejos. Partida de bautismo, parroquia de San Pedro. Curriculum vitae de 1893, p. 2–3.

Tenía cuatro años cuando murió su padre, «principal y puede decirse único apoyo de la familia». La madre sacó adelante la casa con ayuda del hermano mayor, y fueron ella y una de las hermanas quienes le enseñaron a persignarse y a pedir la bendición antes de acostarse. A los seis años empezó a ir a la escuela, «más para jugar que para aprender porque era bastante travieso». Algunos días tenían que llevarlo a la fuerza.

Curriculum vitae, p. 3.

Lo confirmó en San Pedro el arzobispo de Valladolid, Fernando Blanco y Lorenzo, el 31 de octubre de 1879. Hizo la primera comunión al cumplir los diez años. Ese día, después de dar gracias, pidió perdón de rodillas a su madre y fue con otros compañeros a la ermita de Nuestra Señora de la Casita, a un cuarto de legua del pueblo, «a dar gracias a la Sma. Virgen por el grandísimo beneficio que poco antes recibiera».

Nota marginal de la partida de bautismo. Curriculum vitae, p. 5.

Luego vinieron los años que él mismo juzga con dureza. Cuenta que a los trece años corría casinos, billares y bailes, y que se le pegaba lo que oía. Lo escribe con la severidad de un novicio que examina su conciencia, pero añade algo que no abandonó nunca: «jamás creo, dejé pasar un día sin encomendarme a María Santísima, y esta fue mi salvación».

Curriculum vitae, p. 6–7.

La vocación mismaAlaejos y Nava del Rey, 1887

A principios de 1887 llegaron a Alaejos dos misioneros redentoristas, los padres Francisco Negro y Pablo Lorthioit, a predicar una misión de quince días. «Apenas los vi sentí un no se qué en mi corazón», escribe. No faltó a un solo ejercicio, madrugaba para ayudarles a misa y los seguía a todas partes. Un día, de tanto insistir al padre Lorthioit para que le diera una hoja de cánticos, recibió de él un bofetón, «pero con mucho cariño, al cual siguió la hoja de cánticos».

Curriculum vitae, p. 7. El padre Saturnino sitúa la misión en 1886 (carta de 1944, p. 1).

Lo que más le conmovió fue el alumbrado, con el sermón que predicó aquel día el padre Negro, y el cuadro de la Virgen del Perpetuo Socorro. Desde la misión, dice, «nunca o casi nunca me dirigí a otra imagen de María». Su amigo Saturnino lo resume así: hacía «profesión de vida netamente cristiana, piadosa a banderas desplegadas». Llevaba siempre puestos los cuatro escapularios.

Curriculum vitae, p. 7 y 9. Carta del P. Saturnino Martín, p. 1–2.

La vocación le vino de un amigo, el sacristán de San Pedro, que le confió que iba a pedir la entrada en la Congregación del Santísimo Redentor. Pensándolo, se dijo: «¡qué buena vocación ha escogido! ¿Y no podría yo hacer lo mismo?». Su madre no quiso ni oír hablar de ello: era el pequeño y debía ser «sostén y el báculo de su vejez». Él empezó entonces «una vida del todo nueva»: cada mañana iba a la iglesia, ayudaba a cuantas misas podía y rezaba su rosario a la Virgen del Perpetuo Socorro, cuyo cuadro estaba expuesto en el altar mayor.

Curriculum vitae, p. 8–9.

En mayo, durante una novena a la Virgen de la Casita, supo que los misioneros volvían al pueblo y salió corriendo a su encuentro. A la puerta de Santa María, el padre Negro dijo a su compañero, el padre Blanpied: «Este quiere venir con nosotros». Y el otro, agarrándole por la nariz, contestó: «Se conoce, sus narices son nuestras».

Curriculum vitae, p. 9–10.

Poco después su madre cambió de parecer: «¡María Santísima había trocado su corazón!». Faltaba el dinero para pagar los estudios, hasta que los padres enviaron al arcipreste la lista de lo que debían llevar los que no podían pagar.

Curriculum vitae, p. 10.

Quedaba el obstáculo mayor: un padrastro que blasfemaba, que le prohibía ir tanto a la iglesia y que, al saber que quería ser religioso, «se puso como un tigre». «Me dijo que no, no me dejaría. ¿Qué no? Le decía yo, veremos.» Una buena mujer le aconsejó: «ten confianza, hijo, que San José te ayudará». Hizo con otro compañero una novena ante el santo, con dos cirios encendidos, y al terminarla el padrastro cedió. Desde entonces San José fue para él «un verdadero padre».

Curriculum vitae, p. 11–12.

Los examinaron en el convento de Nava del Rey los padres Desnoulet, Negro y Blanpied. El padre Saturnino recordaba las cuatro preguntas que tuvieron que contestar por escrito: «quién eres tú, qué deseas, por qué quieres venir con los Padres Misioneros y para qué vienes». Los cuatro chicos de Alaejos quedaron admitidos.

Curriculum vitae, p. 12. Carta del P. Saturnino, p. 4.

La noche del 1 de agosto de 1887

Al día siguiente era la fiesta de San Alfonso, fundador de los redentoristas, y aquel año se cumplía el centenario de su muerte. Los cuatro no quisieron esperar. Pidieron permiso en casa, sacaron dos borricos de los que servían para traer agua y llevar la comida a los segadores, montaron de dos en dos y salieron a las nueve de la noche. «Las 11¼ daban cuando llegamos a la Nava.» El convento estaba cerrado. Durmieron sobre las piedras de la puerta, «suspirando porque llegase la aurora».

Curriculum vitae, p. 12. Carta del P. Saturnino, p. 2–3.

Delante de la iglesia quedaba el rescoldo de la hoguera de la fiesta. Saturnino, que era uno de los cuatro, lo escribió cincuenta y siete años después: «Ese rescoldo figuraba bien el rescoldo de fervor y entusiasmo que ardía en sus almas juveniles». Al amanecer se confesaron con el padre Negro y pasaron el día entero en el convento.

Carta del P. Saturnino, p. 3. Curriculum vitae, p. 13.

Saturnino guardó otro recuerdo de una de aquellas visitas a la Nava. En la Concepción, ante la Virgen, Donato cogió una piedra y se golpeaba con ella el pecho: «pareció me prefigurar el martirio al que Dios un día le había de llamar».

Carta del P. Saturnino, p. 4–5.

Después de mi vocaciónEl Espino, Nava del Rey y Astorga, 1887–1899

El 19 de septiembre de 1887 dejó el pueblo y la familia. Los cuatro que se iban apostaron a ver quién lloraba primero, «y ninguno lloró». Bajaron del tren en Pancorbo y llegaron al jovenado de El Espino, en Burgos, donde pasó cinco años. Al final de ellos lo quitaron de decano por unas quejas de sus compañeros; él escribe que los perdona «de todo mi corazón» y que ojalá lo hubiera sufrido mejor.

Curriculum vitae, p. 13–15. Saturnino fecha la entrada en El Espino el 26 de septiembre (carta, p. 5).

Entró en el noviciado de Nava del Rey el 12 de agosto de 1892. Su amigo lo recuerda allí «muy ordenadito en sus cosas y en su persona», con la sotana «bien arregladita y bien puestos los pliegues». Para probarle contra la vanidad, el maestro de novicios le mandó llevar todo un día un delantal azul «puesto a la espalda y atado por delante». Entró el párroco de la Nava mientras trabajaban en la huerta: «los demás nos reímos y Jiménez también sonrió».

Curriculum vitae, p. 15. Carta del P. Saturnino, p. 7.

En febrero de 1893 pasó una crisis interior dura, que cuenta sin rodeos a su maestro y en su escrito. Salió de ella más firme: «Las tentaciones me han arraigado fuertemente en mi vocación y me han comunicado un ánimo y valor muy grande para vencer todos los obstáculos que se me pongan en mi camino». Casi al final del escrito hace una promesa: «Para siempre seré vuestro y hasta la muerte os quedaré fiel».

Curriculum vitae, p. 15–16.

Profesó el 8 de septiembre de 1893, el mismo día que Saturnino. Estudió teología en Astorga, donde era casi siempre el sacristán del oratorio, y allí fue ordenado sacerdote el 27 de mayo de 1899, en la capilla del seminario, por el obispo Vicente Alonso Salgado.

Carta del P. Saturnino, p. 8. Semblanza de Testigos de la Redención. Biografía oficial de la causa.

Donato Jiménez joven, estudiante redentorista en Astorga, 1896.
Astorga, 1896. Estudiante de teología, tres años antes de su ordenación.

Misionero y superior1899–1936

Sus primeros años de sacerdote los dedicó a la formación: fue ayudante del maestro de novicios en Nava del Rey y profesor de latín en El Espino. Saturnino dice que como profesor dejaba ver un «extraordinario empeño en hacer bien a los alumnos». Después de un segundo noviciado en 1902 fue misionero el resto de su vida: en las comunidades de Cuenca, El Espino y Astorga, y desde 1915 en Pamplona, donde vivió quince años y fue tres veces rector de San Ignacio.

Semblanza de Testigos de la Redención. Carta del P. Saturnino, p. 8–9. Los quince años en Pamplona los recuerda también Jenaro Xavier Vallejos.

De su predicación conservamos el retrato de su amigo, que leyó algunos de sus sermones: «Era su estilo popular, enemigo de flores vanas; sus sermones de sustancia y bien trabajados». Tenía la voz alta y empezaba tan fuerte que acababa ronco, hasta que Saturnino le aconsejó templarla. «Como era sencillo, afable, bondadoso y de mucho celo, se llevaba la gente de calle en los pueblos.» De las misiones trajo al jovenado a varios niños que luego fueron misioneros.

Carta del P. Saturnino, p. 9–10.

Fue superior en Santander desde 1930, ministro en Astorga desde 1933 y rector de Vigo desde diciembre de 1934. Saturnino oyó decir a un provincial que era «un superior ideal», y añade de su cuenta: «habiéndole tratado de estudiante y de Padre, nunca le vi irritado ni destemplado».

Semblanza de Testigos de la Redención. Carta del P. Saturnino, p. 10–11.

El padre Donato Jiménez en 1927, sin bonete, en una fotografía de grupo.
1927. Por entonces vivía en la comunidad de Pamplona.

En los nombramientos de 1936 lo destinaron a la comunidad de San Miguel Arcángel, en el barrio madrileño de La Latina. Llegó el 23 de junio. No llevaba ni un mes en Madrid cuando empezó la persecución.

Semblanza de Testigos de la Redención. Biografía oficial de la causa.